Hace siete años empecé a investigar cómo la tecnología podía convertirse en una gran aliada para la intervención social.
Con el paso del tiempo, la Inteligencia Artificial irrumpió en prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida. Al principio, lo que más llamaba la atención era su capacidad para automatizar tareas, pero había una idea que me resultaba aún más interesante: la posibilidad de personalizar la intervención y adaptar el aprendizaje a las necesidades de cada persona.
Mientras la Inteligencia Artificial seguía evolucionando, otras tecnologías comenzaron a ganar protagonismo. Una de ellas fue la Realidad Virtual (VR).
Lejos de ser una herramienta destinada únicamente al ocio, la Realidad Virtual ofrece nuevas formas de aprender, colaborar y desarrollar competencias profesionales.
Y fue precisamente ahí donde encontré una herramienta que cambiaría mi forma de impartir talleres y formaciones.
Mi objetivo nunca fue dar una clase más
Como Trabajadora Social, mi labor profesional se centra principalmente en dos ámbitos:
- Orientación laboral.
- Docencia para la Formación Profesional para el Empleo.
Desde que empecé a impartir formación siempre he tenido una idea muy clara: las personas aprenden mejor cuando viven una experiencia.
No quería limitarme a proyectar diapositivas o explicar conceptos.
Quería que mis alumnos exploraran, resolvieran problemas, trabajaran en equipo y sintieran curiosidad.
Descubriendo Frame VR
Fue entonces cuando conocí Frame VR.
Se trata de una plataforma que permite crear espacios virtuales completamente personalizados a los que los participantes pueden acceder desde cualquier lugar del mundo, sin necesidad de compartir un mismo espacio físico.
Dentro de ese entorno puedes incorporar vídeos, imágenes, documentos, enlaces, presentaciones y multitud de recursos interactivos.
Pero decidí ir un paso más allá.
Un Escape Room virtual para repasar todo un curso
En uno de mis cursos de Marketing Digital transformé el repaso final en una misión.
Diseñé un mundo virtual donde los alumnos debían recorrer diferentes espacios para encontrar pistas, superar retos y completar distintas misiones.
Cada prueba estaba relacionada con los contenidos trabajados durante la formación:
- Inteligencia Artificial.
- Herramientas de marketing digital.
- Análisis de métricas e indicadores.
- Estrategias de contenido.
- Recursos digitales.
En lugar de responder un cuestionario tradicional, los estudiantes tenían que aplicar los conocimientos adquiridos mientras exploraban el entorno.
El aprendizaje dejaba de ser pasivo para convertirse en una experiencia.
La tecnología no sustituye al docente
Cada vez estoy más convencida de que la innovación educativa no consiste en utilizar más tecnología.
Consiste en utilizarla con un propósito.
Ni la Inteligencia Artificial ni la Realidad Virtual sustituyen el papel del docente.
Lo que hacen es ampliar las posibilidades para crear experiencias de aprendizaje más motivadoras, participativas y memorables.
Porque cuando una persona aprende viviendo una experiencia, ese aprendizaje permanece durante mucho más tiempo.
Y ese es, precisamente, el tipo de formación que quiero seguir construyendo.
Sígueme en mis redes sociales para conocer todo sobre cómo aplicar la tecnología tanto en la intervención social como en la docencia. IG: @estela_Social








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